Marissa Nadler
July
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Marissa Nadler es una artista que ha atravesado cualquier cantidad de adversidades por tener una carrera económicamente viable en la industria musical. Su pasión por aferrarse a este arte la ha llevado al punto de financiar lanzamientos propios cuando perdió respaldo de la disquera o también a optar por la alternativa de Kickstarter. Para su sexto material July vuelve a establecer contacto con disqueras, firmó con los sellos Sacred Bones Records y Bella Union.
Es de admirar su enorme esfuerzo por mantener su proyecto en pie aunque no es fácil de comprender su contagiosa necesidad de escribir canciones tan similares una y otra vez. Las personas que no han escuchado de ella anteriormente descubrirán una hermosa voz nocturna atrapada en un aura misteriosa de la que emerge entre suspiros y ecos. No debería ser raro que capte la atención en su primer acercamiento a ella, es una artista que conoce bien las propiedades de su voz y esto ha actuado tanto en beneficio, como en contra de la artista.
Si hay algo que ha frenado el talento de esta gran cantante es ella misma y su oposición al cambio. En sus primeros álbumes se admiraba la expresividad de su voz y la atmósfera, era un aire de frescura a lo que se escucha de músicos acústicos y ofrecía una personalidad muy marcada. Pero todo encanto con su explotación, sin una debida re imaginación cae en la tendencia de la monotonía y del cansancio, principal padecimiento de la música de Marissa Nadler.
Estrictamente hablando de July por supuesto que tiene diferencias comparado a sus antecesores, con la principal distinción de prestar más detalle a las ventajas obtenibles de los arreglos, mayor instrumentación y una producción centrada en un objetivo. Antes sus composiciones se centraban cien por ciento en la esencia hipnótica de sus vocales y líricas reduciendo al mínimo la aportación de los demás instrumentos. Ahora se les permite contribuir al enriquecimiento de la atmósfera y además se trabajó mucho en su sonido, ayudando a dar un contexto a la presencia de Marissa.
Podrá interpretarse como una exageración pero crear una lista de reproducción con su discografía en aleatorio deja claro, lo mucho que disfruta su área de confort y cómo sufre Marissa ante el cambio. Si musicalmente le cuesta tanto esfuerzo no es de sorprender que aplique a otras áreas de su persona como al recurrente estado anímico de sus canciones, es coherente y comprensible.
Su problema no es necesariamente la calidad de las ideas sino como las pasa sobre el mismo filtro a todas ellas, no hace el intento de darles libertad propia sino las hace encajar a fuerza en una fórmula determinada que hace tiempo ha dejado de dar frutos frescos.
Está claro que July es un buen disco, dicen que la práctica hace al maestro y Marissa tiene perfeccionando la técnica por más de una década. Todo dependerá de aquí en adelante de qué tan sedientos estén sus fans y cuánto tiempo les durará.