Pink Floyd
The Endless River
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Por fin ha sido lanzado el álbum que, según las palabras de David Gilmour, clausurará la historia de una banda tan influyente en la historia de la música contemporánea que es posible inferir que esos, sus 50 años de existencia, acabarán por ser poco tiempo en la jornada interminable que representan y la memoria de las generaciones que los conocieron y que los conocerán.
Hablamos de The Endless River de Pink Floyd y su gran lista de canciones de carácter atmosférico que en su inmensa mayoría son instrumentales (excepto por el tema final, “Louder Than Words”) y que también, mayormente, se encargan de resaltar el aspecto de improvisación que identificaba a la banda desde sus inicios. Lo anterior, aunado al tono emblemático y tributario que se le otorga al fallecido Richard Wright, quien en este disco es clave central y funge como una pieza clave del rompecabezas que The Endless River representa.
Entrar en detalle y emitir un juicio sobre la pertinencia y calidad de este disco tendrá dos consideraciones fundamentales que hay que exponer desde el inicio. La primera tiene que ver con el peso de la historia y cómo, aunque no se trate de un disco “nuevo” de Pink Floyd -sumado a la ausencia de Roger Waters en el grupo desde hace casi 30 años-, este representa una épica conclusión a su historia completa. La segunda, que tiene que ver con la relevancia y propuesta de una banda que, siendo muy sinceros, no tiene nada que demostrar, ya que ha creado un sonido particular imposible de despreciar; aún cuando en este disco “no haya nada nuevo”.
Así pues, en tanto que este es un disco que representa el punto final de una historia musical increíble, The Endless River se convierte en la culminación de un estilo. A través de la hora y cinco minutos que dura el disco, incluyendo los tres temas extras de la versión de lujo, parece dar la impresión de que recorre varios de los mejores momentos de la historia de la banda y eso, para cualquier conocedor del grupo británico, caerá como anillo al dedo. A pesar de la pura instrumentalidad que ciertamente destaca las partes del teclado, creando ambientes inigualables, el álbum nos recuerda un poco al titánico Dark Side of the Moon, pasando por el tono espacial de “Echoes” y llevándonos de la mano por “Run Like Hell” del famoso The Wall. En resumen, The Endless River es una especie de colección de sonidos de lo que Pink Floyd es como firma única y de lo que será en la memoria actual y futura.
Por su lado, la relevancia e innovación que pudiera representar esta producción es más difícil de analizar. Esto tiene sentido ya que la banda que aquí se escucha grabó estas sesiones en 1994, aún con la presencia y la colaboración con Wright, en una etapa muy influenciada por las melodías de Gilmour. Además, la característica principal de su música en estos días representa ya una etapa veterana de todos ellos que, en aquel entonces, se encontraban en sus cuarenta y tantos años de edad. Por eso, todo aquel que no conozca a la banda pensará que lo que aquí se escucha es mínimo en comparación con lo que se atribuye a la agrupación. Sin embargo, esto no es del todo cierto, puesto que a pesar de que esta no sea una producción de Pink Floyd que destaque por su “originalidad”, sí lo hace por su potencia emotiva y su mensaje final que en “Louder Than Words" se materializa como una consigna final que nos declara: “Lo que nosotros somos, al contrario de muchas otras bandas, dice más que mil palabras y resuena más fuerte que cualquier otro acto de rock vivo”. Lo anterior, sin embargo, con la mayor humildad posible.
Por dichas razones, la nota aquí atribuida al disco de Pink Floyd no es totalmente definitiva. Cada quien, según su conocimiento de la banda, su gusto por el sonido progresivo y ambiental de cada una de sus canciones y su experiencia, podrá atribuirle una calificación acorde a su juicio. Sin embargo, considerando los dos puntos principales que destacábamos anteriormente, en este disco, que representa el canto del cisne de una legendaria banda, encontramos tres elementos que le hacen merecer el reconocimiento puro. Primero, su insalvable sonido espacial y progresivo, profundamente solemne y majestuoso que les hace distinguibles en todo lugar; luego, su emotivo mensaje que se extenderá a lo largo de la historia por su potencia conclusiva; y , finalmente, la calidad de producción y supervisión que, seguramente Gilmour y Mason, realizaron para asegurar la manufactura de su estilo. The Endless River es el río interminable que significa la vida misma. La obra misma que Pink Floyd nos lega, para que de ahí tomemos la experiencia y el sentido de su música… de aquí para siempre.
Canciones sugeridas: “Louder Than Words”, “It’s What We Do”, “Things Left Unsaid”, “Anisina”, “Allons-y” (1) y “Autumn ’68”.