Arcade Fire
Reflektor
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Es sorpresivo lo mucho que se habla del nivel de excelencia que justifica el nombre Arcade Fire en la industria musical cuando todavía no cumple la década del lanzamiento de su excelente debut Funeral. A partir de él la banda ha sabido vivir con la presión de colocar el listón en un punto superlativo traducido en desproporcionadas expectativas. Recientemente sumada la relativa fama a la que fue llevada el grupo tras ganar el Grammy al mejor disco del año con The Suburbs.
Cada nuevo álbum es un ejercicio de reflexión acerca de su concepto, sonido, estilo, influencias y arte visual y lírico, que termina siendo un ambicioso y complejo proyecto hecho justo a la medida de Win Butler, un artista que no escatima la mínima atención, tiempo y recursos para que el producto final sea lo que él desea.
Reflektor es mucho más grande que cualquier otro lanzamiento de Arcade Fire, es una reinvención a su idea, visión y sonido, que demanda una mente abierta y oportunidad de asimilación para eliminar cualquier estereotipo en el que se tenía encapsulado su nombre, tal vez por ello su ingenioso movimiento de presentar el disco con el sobrenombre de la banda ficticia The Reflektors.
Para la revolución fue fundamental la participación del arquitecto sonoro James Murphy que, tras la disolución de LCD Soundsystem, unge el papel de productor. No hace falta hacer girar demasiado el disco para percatarse de la aproximación electrónica y estética que se pretendió en las arduas sesiones de grabación de Reflektor, no solo en composición sino especialmente en el trato que se dio a los instrumentos y al juego de frecuencias.
Destaca la tonalidad cálida y festiva que obtienen de la inclusión de ritmos - percusiones caribeñas y africanas, influencia obtenida accidentalmente en un viaje que realizó la banda a Haití, lugar donde tiene ascendencia la vocalista y donde encontraron en la música popular regional una nueva forma de conectar con las personas.
Integrando estos dos elementos de producción e instrumentación tribal a su sonido hace de Reflektor una de las experiencias sonoras más interesantes de este 2013 y el disco más vigoroso de su carrera, el que más energía desprende y el primero en el que irradia diversión y gozo en los músicos.
La esencia del grupo y los instrumentos siguen intactos pero detalles sutiles y puntuales en la producción, nos crean una percepción exagerada del cambio que se experimenta en el estilo, cuando gran parte del cambio se entiende en el manejo del audio, de la paleta de frecuencias y efectos que suman dinámica y una estética sonora que da una impresión en tercera dimensión. El sonido del disco es grave, denso y expansivo por lo que es recomendable escucharse en un buen estéreo en vez de audífonos, las notas necesitan respirar y encontrar su espacio para dimensionarlas y apreciarlas.
Se debe notar que parte importante de la experiencia de escuchar y entender Reflektor cae en la apreciación de los detalles, que una vez escuchando el disco con atención dejan de parecer detalles y más bien parte fundamental de la intención por parte del grupo y el productor. Por ejemplo “Here Comes The Night Time” está repleta de pistas de sonidos, efectos y elementos involucrados simultáneamente que, con la atención pertinente, es una delicia auditiva.
El primer sencillo, “Reflektor”, empieza con un golpe de autoridad, un temblor grave seguido de percusiones que no temen a tomar de imprevisto a las personas, la visión de esta banda apunta hacia otra dirección y más vale dejarlo claro de una vez por todas. Es una introducción espectacular que resume el disco doble de 75 minutos esparcidos en 13 canciones, marca el ritmo de la progresión que rige a las composiciones agregándoles el valor de ser impredecibles, interesantes, ricas y narrativas.
La celebración llega a uno de los puntos más altos cuando se esconde el sol e inicia el carnaval en “Here Comes The Night Time”. La canción zigzaguea entre una noche caribeña de carnaval y una fiesta nocturna en una disco llena de luces de neón; los sonidos aparecen con protagonismo y desaparecen contribuyendo a la fiesta en todas las formas y colores. Se escucha decir a Butler “When I hear the beat, the spirit’s on me like a live wire / Like a thousand horses running wild in a city on fire” esas mismas palabras expresan la intensa pasión que sale de sus instrumentos.
Aún dentro de esa ambientación colorida, y hasta cierto punto, alegre, Reflektor no deja de lanzar preguntas, de cuestionar el presente y buscar profundamente una respuesta a hacia las complejidades humanas y a la institucionalidad del espíritu. Los discos de Arcade fire no solo brincan por su calidad creativa y ejecución sino por el buen trabajo que hacen en identificar sentimientos naturales, universales y simples y darles una voz sonora, como en Funeral la muerte y amor, Neon Bible miedo y creencias, The Suburbs la nostalgia y añoranza, mientras que en Reflektor como lo dice su nombre viene más del pensamiento, de la reflexión.
Temas que se tratan en Reflektor tienen que ver con ser diferente y aislamiento “We Exist” o “Normal Person”, miedo a la conexión emocional “Porno”, vida después de la muerte “Afterlife”, reflexión “You Already Know” y “It’s Never Over (Hey Orpheus)”, esta última que además hace alusión al mito griego de Orfeo, tema que también adorna su portada.
“Afterlife, oh my God, what an awful word” así es como comienza una de las piezas más emotivas de Reflektor, en “Afterlife” se terminan preguntando una y otra vez hacia dónde se va el amor cuando morimos. Sencillo ideal del disco que se ilumina con la química y contraste de voz entre Butler y Chassagne, que llega a la euforia cuando el primero cuestiona a su esposa “When love is gone / Where does it go?” a lo que ella responde dulcemente con un simple “Oh”, un momento especial sin dudas.
“Supersymmetry” es la contrapartida al viaje intenso que nos llevo este álbum doble, relaja las emociones y nos saca lentamente del estado de exaltación; desnuda la persona de esta pareja de compositores y los deja divagando acerca del fundamento de su amor y de su unión.
De Arcade Fire ya no se espera excelencia se le exige, esa es la maldición que persigue a las personas de talento descomunal y estos artistas lo tienen. Reflektor es el paquete completo en arte gráfico, música, videos, promoción, conciertos y concepto lírico, en cada uno de ellos sale positivo con creces. Su apuesta por variar su sonido convencional está llena de mérito y más por la ejecución con la que lo lograron, suenan frescos y vivos, no que antes sonaran inertes, pero la clave está en nunca llegar a ese punto. El único reproche latente al final del álbum es que la carga emocional que exhala no alcanza la de otros como Neon Bible o Funeral, aspecto importante pero al mismo tiempo tiene sus propias armas.