Beyoncé
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La progresión de Beyoncé en su carrera solista elevó las expectativas de su quinto material discográfico titulado y diseñado elegantemente como Beyoncé. 4, su álbum anterior, figura una cantante madura, segura y centrada en su cometido, con canciones brillantes que encajan en lo más alto de las composiciones realizadas bajo su nombre como “1+1” y “Best Thing I Never Had”. La producción completó la coherencia de su material con un sonido sólido, estético pero no demasiado procesado, 4 era lujoso, equilibrado y reducido en pistas.
Por eso, un nuevo disco no era una tarea cualquiera a la que se enfrentaría esta venerada artista pop, siempre preocupada por su persona, su impresión pública y, aunque raramente, en el círculo de las divas también por su música. Como es costumbre en ella, rearmó una nueva legión de escritores, productores y unos cuantos invitados, para la construcción de su álbum homónimo.
Se aprecian nombres de moda Pharrell Williams y Justin Timberlake, su compañero The Dream, el duo bien relacionado Jay Z y Frank Ocean, la sensación Drake y su productor Noah 40, la mayor parte de la producción a cargo de Timbaland y Boots. Estos son algunos de los artífices que bajo la dirección y contribución de ella, esperan marcar un nuevo episodio dorado en una carrera soportada por casi 200 millones de álbumes vendidos.
El giro musical de Beyoncé es radical, aunque lógico después de admitir que estaba algo cansada de convivir en la industria musical, al menos en la forma en la que lo hacía. Y este cambio comienza desde la primera impresión que se tiene al comprar el álbum, la portada.
Últimamente las portadas han sido parte del lenguaje con el que los artistas comunican el ángulo desde el cual visualizaron su proyecto, se vio el año pasado con Channel Orange de Frank Ocean, este año con Yeezus de Kanye West y ahora con Beyoncé de la artista del mismo nombre.
Se podrían enumerar una cantidad de semejanzas pero vale la pena darle peso a las trascendentes. La dirección minimalista es la obvia por excelencia, por muchas razones los artistas han encontrado la reinvención en ella, la que más me salta a la mente es que los hace más conscientes de todo lo que producen. Al tener menos distracciones centran sus sentidos y atención en unos pocos elementos y eso les da un mayor control para manipular la intención de su música. Para una mujer tan influyente como Beyoncé con equipos tan grandes de colaboradores, puede ser fácil perder la brújula.
El hip hop es un género que ha tomado demasiada potencia desde el despertar de fuertes figuras artísticas, mediáticas, económicas y otras metidas en altos cargos de la industria. La base de su música y su fundamentación es muy distinta a la de otros géneros demasiado expuestos y explotados en la industria como el pop y el rock, por lo que es comprensible que cada vez se tomen más elementos de su idiosincrasia.
Fuertes beats ahora marcan el ritmo y paso de las composiciones de esta diva, se deshace de casi todos los demás “adornos” que usualmente se suman a la producción y terminan por robar presencia y volumen a esos latidos graves. Para ella es importante el movimiento que trazan sus variaciones y por eso se les deja una fuerte presencia en casi todas las canciones, y por supuesto lo aprovecha para acentuar sus nuevos pasos de baile.
Esa gama extra de frecuencias que se obtiene de evitar el uso de otros instrumentos y artilugios, son usadas para dimensionar la profundidades de los graves. Y es que contrario a los agudos, los graves tienen cierta particularidad al momento de estimular a los oídos, por su golpe característico, ello combinado a los soberbiamente modulados y diseñados sonidos da cierto futurismo al álbum, son frecuencias menos explotadas.
Combinados estos aspectos, dan un rol distinto a las vocales, más preponderante, flexible, libre y arriesgado, traducido en algo más interesante. La grandiosa voz de Beyoncé tal vez no brilla en la forma en que acostumbró a las personas, pero trabajó nuevas formas de presentarla, que al igual que todos los experimentos incluidos en esta renovación de su estética artística a veces funcionan y en otras no.
“Pretty Hurts” primera canción, ronda en el tema femenino de darle una sobre importancia a la belleza física y hacer lo imposible para conseguirla. Empieza a introducir los marcados golpes sonoros que, al igual que el corazón en el cuerpo humano, son los que dictan el ritmo. También los cautelosos arreglos traducidos en sobriedad con sintetizadores, voces de fondo y poco más, al final se tiene una canción con cuerpo, ligereza y forma.
Si “Pretty Hurts” fue el aperitivo del concepto, “Haunted” no pierde tiempo en preámbulos. La canción es experimental y progresiva, no le preocupa salirse del renglón sino marcar una atmósfera, único aspecto que une todos los cabos de la composición. Para ello se ayuda del vacío, el silencio juega un papel importante porque es la fuente del misterio en el que Beyoncé danza vocalmente soportada de beats en todas sus tonalidades. Este tema es fundamental para entender el concepto gráfico, musical, de producción y finalmente artístico de Beyoncé.
En “Angel” se ejemplifica uno de los errores en los que se puede caer en la utilización de estructuras tan espaciadas en el minimalismo. La canción esta centrada en una buena idea pero por momentos se desfaza, divaga demasiado y parece reproducirse en cámara lenta. Cuando se tiene demasiado espacio es importante saber como utilizarlo y ubicar los huecos que deben llenarse para tener uniformidad y libertad simultáneamente.
El primer sencillo “XO” marca el punto intermedio entre sus ideas del pasado y del presente, en una canción más brillante de lo que aparenta a primer instancia. Desde el ángulo que se le analice es impecable y difícil de no adorarla, la producción la acaparan muchos elementos de los cuales pocos son muy reconocibles y entre todos pelean constantemente su protagonismo pero están correctamente balanceados, la pista esta pulida al máximo. La voz de Beyoncé transmite encanto, pasión y gusto con la naturalidad de una artista recien descubriendo su carrera, y el punto final son las agradables melodías que logran el paquete completo. Inclusive el video en este caso refleja la energía y vibra con éxito.
Beyoncé fue presentado como un álbum visual, en el que cada tema viene acompañado de un video filmado con el propósito particular de la canción. Para algunos será una herramienta mercadológica mientras que para otros significa la importancia y respaldo que ofrece a cada uno de los temas, sin entrar en discusión, lo que es un hecho es que hay un fuerte trabajo adicional en la producción de este material extra pero aún así no es una experiencia dependiente el audio del video como se promueve.
Este quinto álbum es un paso inesperado y acertado, es grato ver a una artista tan popular salirse del marco mental de agradar a las masas y moldearse de acuerdo a las disqueras, para tratar algo nuevo por más poco o mucho innovador que se le etiquete.
Son varios los temas que no funcionan satisfactoriamente y de los cuales se pudo haber prescindido en la edición final de Beyoncé, pero tampoco es para ser radicales y catalogarlos de trágicos. Más de la mitad del álbum funciona y agregando el mérito conceptual y sonoro que promueve lo hacen un lanzamiento destacable y digno de ser recomendado a cualquier tipo de audiencia.