México encantó a Foo Fighters
Foto por :Getty Images
Algo seguro es que el concierto de Foo Fighters era uno de los más esperados del 2013 y el regreso de esta banda, uno de los más esperados de los últimos años. Foo Fighters pasó de ser visto como el oportunismo de un ex integrante de Nirvana para ordeñar el irrepetible impacto mediático de una catástrofe humana y artística como fue la de la de Kurt Cobain, a ser obra de admiración y conquista de uno de los ídolos más reconocibles del rock en la historia.
Dave Grohl vivió un inicio complicado en esta etapa de su vida y tuvo que afrontar a los cínicos y desconfiados con el argumento de todo músico que demanda respeto y un lugar en la historia, música.
Tal vez la virtud de Foo Fighters no sea la creación de álbumes sólidos de inicio a fin o re inventar un género simple como el hard rock, sino la cualidad que les ha dado su permanencia y vigencia en la industria, ésa es la flama que habita en su figura Dave Grohl, capaz de incendiar cada canción con energía, pasión y emoción como si fuera un joven de 18 años. Esto combinado al acierto de crear dos o tres temas brillantes y contemporáneos en cada material, les ha dado un repertorio de canciones lleno de clásicos que hace ignorar o pasar desapercibido lo desbalanceado de sus discos de estudio.
Su capacidad de birlar la vejez y el aburrimiento, le da el poder de una voz afín a los adolescentes de cada generación para romper el hábito y estilo de vida impuesto por la familia o la sociedad en sus respectivos tiempos. Grohl inyecta la euforia que motiva a despertar con animo cada día, la actitud necesaria para superar cualquier circunstancia que aqueje, hacer a un lado los problemas y llenar de optimismo el futuro. Es música que nunca baja los brazos y anima a levantar la cara, el mismo pulso de batería que ayudaba a explotar las composiciones de Nirvana es el de los gritos, guitarrazos de los Foo Fighters.
Ahora con casi 20 años de trayectoria en Foo Fighers y 44 años vividos, Grohl vino a México a reventar las bocinas y hacer vibrar a 55 mil personas, sin el glamour al que se atienen artistas de su magnitud armando estructuras imposibles o diseñando temáticas absurdas. Su escenario fue sencillo e intencionado simplemente a iluminar a los miembros de la banda dejándose la vida en un escenario que ansiaba su presencia.
Honraron su larga ausencia dando una revisión a su historia, tocando temas de todos sus discos sin ahondar demasiado en alguno. Es complicado imaginar a una persona insatisfecha con la selección de canciones llena de sencillos y otros favoritos que documentan su historia. Además no fue cualquier show, hubo un íntimo set acústico entre Grohl y su público, y no se retiraron del escenario hasta cumplir casi tres horas de concierto. Hubo mercancía diseñada específicamente para su visita a México, comerciales y posts en el Facebook de la banda que transmitían su interés por compartir una experiencia especial con México.
El 11 y 13 de Diciembre significó la reconexión entre Foo Fighters y México, en la que aceptaron sentirse apenados por la larga ausencia en estas tierras, pero al mismo tiempo sirvió para forjar la promesa de volver en cada lanzamiento y tal vez hasta en cada año, por palabras de Grohl.
Dave Grohl vivió un inicio complicado en esta etapa de su vida y tuvo que afrontar a los cínicos y desconfiados con el argumento de todo músico que demanda respeto y un lugar en la historia, música.
Tal vez la virtud de Foo Fighters no sea la creación de álbumes sólidos de inicio a fin o re inventar un género simple como el hard rock, sino la cualidad que les ha dado su permanencia y vigencia en la industria, ésa es la flama que habita en su figura Dave Grohl, capaz de incendiar cada canción con energía, pasión y emoción como si fuera un joven de 18 años. Esto combinado al acierto de crear dos o tres temas brillantes y contemporáneos en cada material, les ha dado un repertorio de canciones lleno de clásicos que hace ignorar o pasar desapercibido lo desbalanceado de sus discos de estudio.
Su capacidad de birlar la vejez y el aburrimiento, le da el poder de una voz afín a los adolescentes de cada generación para romper el hábito y estilo de vida impuesto por la familia o la sociedad en sus respectivos tiempos. Grohl inyecta la euforia que motiva a despertar con animo cada día, la actitud necesaria para superar cualquier circunstancia que aqueje, hacer a un lado los problemas y llenar de optimismo el futuro. Es música que nunca baja los brazos y anima a levantar la cara, el mismo pulso de batería que ayudaba a explotar las composiciones de Nirvana es el de los gritos, guitarrazos de los Foo Fighters.
Ahora con casi 20 años de trayectoria en Foo Fighers y 44 años vividos, Grohl vino a México a reventar las bocinas y hacer vibrar a 55 mil personas, sin el glamour al que se atienen artistas de su magnitud armando estructuras imposibles o diseñando temáticas absurdas. Su escenario fue sencillo e intencionado simplemente a iluminar a los miembros de la banda dejándose la vida en un escenario que ansiaba su presencia.
Honraron su larga ausencia dando una revisión a su historia, tocando temas de todos sus discos sin ahondar demasiado en alguno. Es complicado imaginar a una persona insatisfecha con la selección de canciones llena de sencillos y otros favoritos que documentan su historia. Además no fue cualquier show, hubo un íntimo set acústico entre Grohl y su público, y no se retiraron del escenario hasta cumplir casi tres horas de concierto. Hubo mercancía diseñada específicamente para su visita a México, comerciales y posts en el Facebook de la banda que transmitían su interés por compartir una experiencia especial con México.
El 11 y 13 de Diciembre significó la reconexión entre Foo Fighters y México, en la que aceptaron sentirse apenados por la larga ausencia en estas tierras, pero al mismo tiempo sirvió para forjar la promesa de volver en cada lanzamiento y tal vez hasta en cada año, por palabras de Grohl.
