Naomi Punk
Television Man

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Naomi Punk son originarios de Olympia, Washington, cuna de algunas de las bandas más representativas del punk y grunge estadounidense. De una escena similar surgen ellos mismos, caracterizándose por tocar un noise rock con indudable influencia grunge.
Su música crea una atmósfera que se siente iracunda y fría, compuesta por guitarras crudas y distorsionadas, baterías agresivas, bajos y sintetizadores que, en conjunto, crean estructuras musicales que parecen estar desarticuladas o inconexas. En Naomi Punk no estamos escuchando las típicas canciones de rock con su simpleza y fácil predicción; encontramos más bien una experimentación en su composición que las convierte en temas un poco más complejos y difíciles de adentrarse. Esta propuesta calculadora la plasmaron inicialmente en su debut The Feelings y ahora vuelven a transmitirla en su segundo lanzamiento Television Man.
Este álbum resulta ser una especie de cápsula que guarda esa sensación de juventud perdida, que nos muestra con sonidos la alienación de toda una generación. Television Man es un álbum que parece ser una deconstrucción del punk con esa característica de indiferencia en su expresión, cosa que también identificamos en bandas como Parquet Courts, por ejemplo; Naomi Punk nos presenta voces que apenas distinguibles, las líricas las escuchamos como un feroz balbuceo. Y, aunque hay esta especie de fuerza punk juvenil y fresca en ellos, su música tiene un movimiento lento, en el que se va mezclando sonidos del nowave, grunge y art rock con esa especial preocupación por la estructura de sus canciones.
En este sentido no es demasiado simple adentrarse por completo en los temas de Television Man, durante las primeras impresiones es fácil dejarse llevar por esas formas repetitivas o poco comunes sin identificar en gran medida los magníficos cambios que viven algunas canciones o la mezcla de géneros que hacen. De momentos abrasivos y brutales los escuchamos pasar a espacios de calma casi meditativos, en donde reinan los sintetizadores y las guitarras más suaves, como en “Plastic World no. 6” o “Whirpool of Anguish”.
“Eleven Inches” es un buen ejemplo del juego con los patrones en la estructura de la canción y en las melodías, o “Television Man” con ese juego sonoro visceral y sistemático al mismo tiempo. “Eon of Pain”, es una muestra también de patrones en las guitarras, que se repiten intercalándose entre sí hasta alcanzar un punto casi hipnótico, y contrastan en gran medida con lo que pudiera parecer un típico punk inmediato. Hay un juego con la originalidad en la música de este trío, una brutalidad inminente ejecutada con precisión y sutileza, definitivamente no es un disco para cualquier ocasión, pero en el momento adecuado se abre la posibilidad de descubrir un interesante universo musical.